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La reconstrucción de una política cultural post-dictadura : el ejemplo de Chile

Mis à jour : févr. 13


En octubre pasado, el hashtag #NoRecortenCultura vio la luz en Twitter después del anuncio de una reducción del 30% del financiamiento del sector audiovisual. Este mismo fue difundido por un gran número de actores importantes en la cultura Chilena, permitiendo finalmente que el gobierno reconsidere su decisión y que sobre todo se abra el debate de la posición que tiene la cultura en las políticas chilenas. Mientras que en Francia una política cultural fue instaurada en 1959 con la creación del ministerio de los asuntos culturales; del otro lado del atlántico muchos gobiernos como el de Chile trataron este tema de manera retrasada y entrecortada por la situación tumultuosa que tienen sus políticas.


BAJO PINOCHET : LA CULTURA MALTRECHA


La dictadura del General Pinochet de 1973 à 1990 creo mucho estrago sobre el tema de la libertad de expresión. Sin embargo, la población se preocupaba más por encontrar maneras de sobrevivir que de luchar por sus libertades individuales. Es por tanto que la cultura se vuelve entonces sinónimo de “desorden social” para el Estado, cuando tenia que ser supuesta a entretener los hábitos desviantes del marxismo y el comunismo.


El discurso anti-intervencionista del gobierno hizo que el arte fuese considerado como un producto comercial de uso individual, dando paso a la censura que se infiltra en la sociedad chilena: los artistas afiliada·os a la unidad popular (antiguo frente popular) son condenada·os al exilio o a la prisión. En 1984 solamente 8 periódicos subsisten y las publicaciones e intervenciones artísticas son sometidas a un control militar y gubernamental.


Este país poseía entonces uno de los mejores sistemas educativos de América Latina, se vio confrontado a un control militar y a la privatización cuando los programas escolares buscaban “incrementar la densidad moral de la educación” para fomentar el nacionalismo.


UNA ORGANIZACIÓN EN MARGEN SE ORGANIZA


En 1982 las dificultades económicas del régimen permiten a las universidades favorecer la expresión, a pesar de los obstáculos, los artistas chilenos y las iniciativas ciudadanas logran expresar su creatividad, pero sin ninguna política cultural presente nace “el Apagón” cultural.





Asi se formo el canto nuevo, sucesor del “nuevo canto chileno”: corriente musical innovante donde la letra pone en relieve al humano más allá de solo la militancia.






Los militantes y artistas marginalizada·os organizan actos medio-públicos “solidarios” que son en la mayoría patrocinados por la iglesia. Ahí se celebran los artistas desaparecida·os retomando ritmos y canciones simbólicas del pueblo, de libertad y de albores.


DESPUES AL “APAGÓN” : TENTATIVAS DE RECONSTRUCCIÓN


En 1988 luego de un referéndum general, Pinochet es destituido (se quedará como comandante en jefe del ejército) y el régimen Aylwin va intentar reconstituir un orden político, social y cultural. No obstante, el pueblo resalta una desconfianza frente a las tomas de poder por lo cual no les permite ver las intervenciones estatales de un buen ojo.


En aquella época, existen poco ministerios vinculados con cultura, aparte de la gestión del patrimonio y de la división de extensión cultural que coordinan diferentes acciones; pero las universidades son sin duda un vector importante del apoyo a la creación artística.


En 1991 la comisión ministerial de Antonio Garretón redacta un reporte sobre el estado de la cultura en Chile, aconsejando la creación de una institución cultural superior a cargo de coordinar las diferentes acciones en una lógica humana, incluyendo las diversidades culturales del país.


El mercado económico sigue siendo considerado como el actor esencial del desarrollo cultural, de igual forma aparecen medidas del estado para incitar a la creación artística: concursos con promesa de financiamiento, nuevos centros culturales y nuevas facilidades a fin de motivar a las empresas a patrocinar proyectos culturales.


En 1992 se reinstauran los derechos de autor, la libertad de crear y/o formar parte de una asociación, los artistas recuperan entonces los espacios de socialización y de aprendizaje, a pesar de esto, la necesidad de restablecer los derechos fundamentales ciudadanos supera las iniciativas establecidas y se empieza a sentir de más un vacío identitario. A través de la obtención sistemática de financiación del Fondo Nacional des Artes (Fondart) una elite de artistas e intelectuales se imponen y vuelven sus visiones legítimas.


Como lo analiza el historiador Bernardo Subercaseaux, el error del gobierno fue de querer instaurar la creación de una identidad chilena homogénea, blanca y europea que se basa en una “utopía republicana” que lleva a cabo una falta de “densidad cultural”.


LA CREACIÓN DEL CNCA : ESTABLECIMIENTO DE UN CONSENSO


Al final de los años 90 el presidente Ricardo Lagos implementó la Política Cultural de Estado del 2005 al 2010 a fin de resolver las igualdades ascendentes, prometiendo siempre de tomar en cuenta la multi identidad Chilena. La necesidad de crear una institución cultural pública renace con la convicción que “sin la presencia del estado, la cultura existe pero su desarrollo queda inexistente.”


El informe “Nosotros los Chilenos” publicado en 2002 por el Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, crítica las técnicas de “remiendo de leyes” que solamente conduce a una “precariedad des las instituciones” y a un dinamismo de inseguridad económica y social hasta con el regreso del crecimiento económico.


En 2003 nace el Consejo Nacional de Cultura y Artes (CNCA) y se crean comisiones consultivas; es la primera vez que una estructura de este tipo integra a miembros de sociedad civil en una administración estatal, que se basa en una lógica de comunicación entre las “autoridades públicas, creadores, investigadores y los sectores privados”. Sin embargo, desarrollan una visión desconectada de la realidad social del país.


En paralelo vemos crecer a la CIC (Comisión de Infraestructura Cultural) que fue creada en 2000 y permitió la construcción de una red nacional de espacios culturales “Redneck”, donde profesionales comparten sus experiencias y se preparan a la búsqueda de mecenazgo. Pero en 2002 la Cámara de diputados rechaza un proyecto cultural consecuente que ocasiona una movilización masiva, apoyada por Ricardo Lagos. Conduce una campaña mediática que eclipsa la voluntad política que estaba a la iniciativa del proyecto y hace que los ciudadanos de desunan.


Esta reforma no representa una real innovación y muchos temas fueron poco a poco abandonados por el estado. La cultura sigue siendo una industria donde el producto es exportable y se monetiza.


UNA INSTITUCIÓN SIEMPRE EN CONSTRUCCIÓN


La acción estatal se limita entonces à un problema de financiación donde no se permite que cada uno promueva la cultura chilena como fue prometido. La CNCA está controlada por un grupo elitista sectorial donde la lógica se basa en la eficacidad y la rentabilidad.


El gobierno tienta permitir a varios actores culturales de reapropiarse los espacios públicos a través de proyectos como; Los Carnavales culturales de Valparaíso y días dedicado al cine, a la música, al patrimonio, al baile o a la música. Se establecen adicionalmente iniciativas relacionadas con los pueblos indígenas y las formaciones tanto artísticas para los grupos marginalizados como dedicadas a la gestión cultural.


El 21 de agosto 2004 el primer Ministro de la Cultura José Weinstein afirma; “obrar la primera política cultural para Chile”, queriendo duplicar el presupuesto dedicado a la cultura entre 2004 y 2006 a fin de promover la ciudadanía cultural en su diversidad, manteniendo su lugar en el tablero international. En la práctica, los objetivos siguen siendo muy generales y idealistas.


En 2007 arranca el programa “Creando Chile en mi Barrio” que instaura acciones culturales y fondos de inversión participativos en los barrios económicamente vulnerables, y geográficamente aislados. Itinerancias artísticas se pone en marcha pero el extremo norte y el extremo sur son excluidos y los casos de corrupción siguen alterando al gobierno.



En 2006 eligen a Michelle Bachelet al mando del gobierno que busca a favorecer la integración territoral. Eso fue sin contar con el movimiento social de contestacion contra la introducción bajo el pretexto medioambiental de un nuevo sistema de transportes “el transantiago” y las manifestaciones “pingüinos” de los estudiantes que obligan a reconsiderar sus prioridades; la sucesión gubernamental no permite crear una política a largo tiempo


La competencia financiera entre las diferentes entidades culturales obstruye al desarrollo de aquellas, el Fondart no puede contribuir solo al crecimiento cultural y artístico del país. Las disciplinas valorizadas son las que incrementan el PIB; es decir la música y el cine; el baile, el teatro y los artes visuales son aislados por el gobierno.


Entre 2007 y 2012 el estado va a tratar de proteger el patrimonio cultural de Chile, resaltando a los pueblos autóctonos y los artistas populares, pero las tendencias mercadotécnicas prevalecen sobre las voluntades de igualdad de acceso a la cultura. Bien que de un privilegio se volvio derecho fundamental, la cultural no forma parte de la vida en sociedad.


Hoy en dia, los artes contestatarios reviven a fin de reapropiarse la historia de su país: la literatura testimonial progresa, el teatro y la poesía recuperan su lugar central y el mercado musical conoce un fuerte crecimiento desde 2017.


Bien que mal, una política cultural fue lanzada pero debido a la reconstrucción política en curso y la falta de voluntad de una estabilidad de los gobiernos sucesivos, no ha podido desarrollarse plenamente y darle beneficio a toda la población chilena. En vista de los beneficios que puede suministrar la cultura, podría ser adecuado que las poblaciones se arrojen en un movimiento contestatario como el que vive en país en la actualidad (donde la música sigue siendo céntrica). Sería interesante sumergirse en la definición de una política cultural según Sáez, que aconseja a los gobiernos de identificar la “demanda social” para restituir la legitimidad a la intervención estatal incluyendo un intercambio entre el país y sus ciudadanos.


Para escuchar a esos artistas que luchaban, ocurre en Youtube

Elise

 

Graphiste : Alice Carnec